La exposición ‘La Gloria el Barroco’ fue inaugurada el pasado martes por el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, acompañado por el presidente de la Generalitat, Francisco Camps y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, entre otras autoridades.
El arzobispo recorrió las tres iglesias valencianas que acogen la muestra hasta final del verano próximo: San Esteban, San Martín y San Juan de la Cruz, además del edificio del Almudín.
Un volteo de campanas de los tres templos anunció la inauguración de la exposición, organizada por la Fundación La Luz de las Imágenes, que ha sido definida por el prelado como un símbolo de que la “belleza nos debe llevar a buscar siempre la verdad”, que es el “encuentro con Jesucristo”.
Por su parte, el presidente de la Generalitat, señaló que “parte del éxito de sus diferentes ediciones anteriores, visitadas en sus diez años por más de tres millones y medio de personas, ha sido sumar la recuperación y la restauración del patrimonio de todos los valencianos, dándole el íntimo sentido de cada uno de estos edificios y de cada una de las piezas que han sido restauradas”.
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La belleza del arte cristiano y las obras de la fe
Por Felipe V. Garín Llombart y Vicente Pons Alós. Comisarios de la exposición
Bajo el titulo de La Gloria del Barroco y coincidiendo con sus diez años de vida y su VIII edición, la fundación de la Luz de las Imágenes vuelve a Valencia para ocupar como sedes las iglesias de San Esteban, San Martín y San Juan de la Cruz, antigua San Andrés, tres de las doce primeras parroquias erigidas en la ciudad tras su conquista por Jaime I en 1238. Un título que surge de la necesidad misma de cohesionar el arte de las tres iglesias jaiminas.
A diferencia de las otras muestras, ésta pretende ser una exposición temática en torno al Barroco Valenciano, con especial dedicación a la pintura barroca valenciana con obras, muchas de ellas desconocidas y restauradas para la muestra, de los Ribalta, José de Ribera, Espinosa, Orrente, Giner, Vergara, Maella, Planes o López entre otros (San Esteban), a la escultura, textiles y orfebrería medieval y moderna en la iglesia que custodia la excelente imagen ecuestre renacentista de San Martín y que fue sede del prestigioso gremio de plateros de la ciudad (San Martín) y a la Virgen María, icono principal en el arte cristiano (San Juan de la Cruz).
Hace algo más de un mes, Francisco Calvo Serraller publicaba en un semanario nacional un interesante artículo sobre la actualidad del Barroco español, puesta en evidencia por varias muestras simultaneas con este tema en Madrid, Bilbao, Londres, México, Los Ángeles, Indianápolis y ahora de forma fortuita en Valencia.
En nuestro caso, hemos querido rendir un merecido homenaje al Barroco valenciano, en su sentido más amplio, desde finales del siglo XVI hasta el XVIII.
Efectivamente, las características del Barroco español se prolongaran en cierta forma durante el siglo XVIII. Es en esta cronología donde se enmarcan las tres iglesias: desde el barroco académico de San Esteban, que milagrosamente ha conservado sus ricos esgrafiados, o el de San Martín compaginado con la impresionante bóveda renacentista de su presbiterio, hasta el ya rococó de la antigua iglesia de San Andrés, que recuerda a la decoración de algunas iglesias centro-europeas.
En palabras de Eugenio d’Ors (1935) el Barroco no es sólo el arte de la Contrarreforma y principal difusor de los ideales de Trento, es también la búsqueda de la belleza de lo sagrado, del valor y la eficacia del realismo de las imágenes y la aplicación a las líneas, color, formas y perspectivas de las novedades técnicas, corrientes científicas y de pensamiento de la época.
Belleza, realismo, dominio de la luz y vitalidad del color no son sino una experiencia de Fe y de una nueva concepción antropológica y cósmica del hombre y del mundo.
Cuando nos preguntamos el porqué de la atracción y la fascinación común del arte religioso, en cualquiera de sus etapas, la respuesta no es otra que el hecho de ser fruto de una experiencia de Fe, obras de la Fe siguiendo el texto de la carta de Santiago, hecho suyo por el mismo Jaime I en su crónica. En la mayoría de casos sólo desde la Fe se entiende el arte barroco.
La Gloria del Barroco pretende también sacar del olvido la fuerza, contundencia, riqueza, diversidad y plenitud del Barroco valenciano, importancia y valor puestos ya de manifiesto en 1920 por Elías Tormo, a quien tanto se le debe en la salvaguarda de San Juan de la Cruz y de otras obras del patrimonio histórico-artístico valenciano.
Desde este punto de vista hay que destacar otras obras arquitectónicas barrocas situadas en el ámbito del mismo triangulo expositivo, únicas en su estilo: la torre campanario de Santa Catalina, la fachada barroca de la Catedral, la misma iglesia de los Santos Juanes o la impresionante portada del palacio del marqués de Dos Aguas, principal mecenas en la repristinación última de san Andrés.
La Gloria del Barroco no sólo es la Exaltación de la Fe, sino también la Gloria de los hombres: la auténtica gloria de Dios es la vida del hombre.
Quienes penetren en San Esteban o San Martín y contemplen sus respectivos presbiterios verán en ellos el auténtico sentido de la Gloria desde la perspectiva del arte cristiano: la gloria de los santos, la gloria de los apóstoles, de los justos, de los profetas, de los ángeles, la gloria de Dios y la de los hombres.
Quienes se acerquen a San Juan de la Cruz, la gloria de Santa María, ideal de humanidad e ideal de belleza. El papa Juan Pablo II en su exhortación pastoral ‘Ecclesia in Europa’ no sólo señalaba la aportación del cristianismo a la cultura europea, que ha marcado su desarrollo y su difusión universal, sino que presentaba a la Virgen María como principal icono y signo de esa herencia cultural y de los valores auténticos constitutivos de su historia.
En esa misma línea ha insistido Benedicto XVI en sendos mensajes a los responsables de los medios de comunicación y ante 260 representantes del arte del mundo, haciendo un llamamiento a transmitir la auténtica belleza y proponer la belleza del arte cristiano, manifestada en múltiples imágenes de Santa María, como paradigma de la esencia cultural europea y de antiguos y nuevos ideales, a los que la sociedad del tercer milenio no debería renunciar.
Como complemento, en San Esteban, parroquia donde fueron bautizados san Vicente Ferrer y san Luis Bertrán o donde ejercieron su ministerio sacerdotes como el cronista Gaspar Escolano, se muestra una selección documental de su importante archivo parroquial, el único de la ciudad de Valencia que se salvo tras la guerra civil de 1936, así como de su rico patrimonio conservado.
La importancia del grupo escultórico de San Martín y del contexto histórico-artístico de la época nos ha llevado a incluir en esta iglesia, además de una selección de escultura, tejidos y orfebrería medieval y de los siglos XVI-XVIII, una muestra de documentos, manuscritos, incunables y autógrafos del llamado siglo de oro valenciano.
El 3 de junio de 1495 se colocaba en su fachada principal, por encargo y disposición expresa de su comitente, el caballero valenciano Vicent Penyarroja, feligrés de esta parroquia, la importante escultura renacentista del santo obispo de Tours partiendo su capa con el pobre, atribuida al escultor flamenco Pieter van Beckere.
La Gloria del Barroco es también la Gloria del Arte y de cuantos desde la fundación La Luz de las Imágenes de la Generalitat Valenciana han realizado tan admirable esfuerzo por restaurar no sólo estos tres templos patrimonio histórico-religioso de los valencianos, sino más de trescientas obras de su patrimonio mueble.
A todos ellos, al gran equipo de colaboradores y a cuantas instituciones, públicas, religiosas o privadas, nuestra admiración y agradecimiento. A todos los visitantes, nuestra invitación a penetrar y contemplar tan privilegiados escenarios.
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