Nuestra Archidiócesis de Valencia celebra el próximo 7 de marzo, tercer domingo de Cuaresma, la jornada dedicada al Seminario Diocesano.
Este año la conmemoramos en el marco excepcional del Año Sacerdotal convocado por el Papa Benedicto XVI con ocasión del 150 aniversario del “dies natalis” del Santo Cura de Ars.
El Día del Seminario es una ocasión privilegiada para recordar a toda la comunidad eclesial tres certezas básicas que nos llenan de alegría y al mismo tiempo de responsabilidad.
La primera certeza, sobre las vocaciones al sacerdocio, es que el Señor, Dueño de la mies, continúa llamando a niños, adolescentes y jóvenes a ser sacerdotes suyos en medio de nuestro mundo. La vocación sacerdotal no es algo que pertenece al pasado sino que es un don inmenso que sigue siendo actual y necesita de nuestra colaboración.
La segunda certeza es que la tarea de anunciar, suscitar, cuidar y apoyar el evangelio de la vocación al sacerdocio es de toda la Iglesia, si bien de modo particular lo es de los sacerdotes y responsables de la pastoral. Las vocaciones surgen principalmente en el interior de las comunidades cristianas que las valoran, las promueven y se comprometen con ellas a través de su oración constante y su sustento económico.
La tercera certeza es que nuestro Seminario Menor y Mayor de Valencia está formado este curso por 81 seminaristas acompañados por un grupo de sacerdotes formadores con el fin de ayudarles en el discernimiento de su vocación y hacer posible su adecuada preparación para ser el día de mañana presbíteros al servicio de nuestra Iglesia. Conocer, ayudar y querer más al Seminario es una gracia que debería anidar en el corazón de todo discípulo de Cristo.
El lema de esta jornada es: “El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios”. No cabe duda de que uno de los ejes que atraviesan el ser, la vida y las enseñanzas de Jesucristo es la misericordia de Dios.
También los sacerdotes están llamados a ser otros cristos en este aspecto fundamental del ejercicio de su ministerio. En este sentido, la figura sacerdotal de S. Juan María Vianney es un referente único al haber ayudado a tantas personas a través del sacramento de la penitencia, al que dedicaba muchas horas de la jornada.
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La Asociación de La Milagrosa peregrina al Seminario Mayor de Moncada para ganar el jubileo
Por María José Fraile
La recientemente creada Asociación de La Milagrosa, de Valencia (aprobada por el Arzobispo de Valencia el lunes 15 de febrero de este año) peregrinó el pasado viernes hasta el Seminario Mayor ‘La Inmaculada’, de Moncada en este Año Sacerdotal para ganar el jubileo. “Fue un día maravilloso e inolvidable -explica su consiliario don Juan Andrés Talens- en el que todos juntos compartimos nuestra admiración por las figuras de los sacerdotes valencianos cuyas tumbas visitamos desde primera hora de la mañana”.
La peregrinación comenzó pronto. Antes de llegar al Seminario, acudieron a otros puntos de obligada visita y en los que también se recuerdan otras figuras de destacados sacerdotes valencianos.
Como primer lugar, la Asociación La Milagrosa escogió la localidad de Massarrochos. Allí, a las diez de la mañana celebraron la eucaristía acompañados por la comunidad parroquial con su acompañamiento musical; y visitaron la tumba de don José Bau Burguet. “Fue una acogida modélica, y sobre todo, lo que más nos impresionó fue el amor y el cariño con el que se recordaba la figura de don José Bau en la localidad”, explica don Juan Andrés.
La segunda parada les llevó hasta la Casa de la Madre de Dios, sede de las Obreras de la Cruz en Moncada. Aquí visitaron la tumba de su fundador don Vicente Garrido Pastor.
La siguiente visita les acercó al Seminario Mayor de Moncada. Tras la acogida por parte del rector, don Jorge Morant, fueron las palabras de Pablo Valls, seminarista de 6º curso, “las que más impresionaron a todos los peregrinos de la Asociación, y tal vez no sólo por cómo contó su vocación, con una gran sentimiento, sino también por su vida”, añade.
“Pablo nos explicó que tenía novia, era licenciado en económicas y tenía trabajo, pero que a pesar de todo ello sentía que necesitaba algo. Y ese algo era su vocación”.
Acompañados por el director espiritual del seminario, don Juan Borrás, visitaron las instalaciones comunes. En la comida se unieron se les unieron dos jóvenes, “José Más y Pablo Soriano, dos seminaristas de nuestra parroquia y Jesús Mocardó”.
El día avanzaba y la peregrinación llegaba a su fin.
A las cuatro de la tarde visitaron a las Oblatas de Cristo Sacerdote y allí, con ellas descubrieron la figura del que fuera arzobispo de Valencia, monseñor José María García Lahiguera.
Tal y como recuerdan para PARAULA, el pasado viernes, fue una jornada que quienes componen la Asociación La Milagrosa guardan con cariño y de la que han destacado la grata impresión al descubrir la sensibilidad, admiración y respeto que existe en Valencia por sus sacerdotes. “Y nos gustaría que nos acompañaran a una nueva peregrinación jubilar el próximo 1 de mayo al Seminario Menor de Xàtiva”, concluye don Juan Andrés. |